jueves, 2 de julio de 2009

le robo sus palabras

El beso cubista


Cuántas cosas hay entre tu piel y mi piel.
Cuánto aire es nuestro.
Cuantas cosas adentro, durmientes en las cordilleras de los huesos
vueltas locas en el torrente de sangre
no vemos.

Cuanto hay de mis neuronas
en el movimiento tartamudo de mi boca,
que miras con la electricidad que diviso en tus ojos.
Ni mis neuronas te hablan tartamudas, ni tu electricidad me quema.
Y sin embargo hirvientes nos besamos.

La boca mejor sirve para el beso.
Sin duda eso es de lo poco que mucha gente sabe.

Llevo cierto tiempo practicando
tú te habrás dado cuenta, el beso cubista.
Se trata de deconstruir el beso, hacerlo feo y hermoso.
Con ese beso, intento que sepas, lo que no puedo:
nada más y nada menos que cómo funciona mi cerebro:
sus gotas de sal, sus risas, sus palabras galopantes hacia la nada.
Sólo un beso raro, sin complejos
puede refrendar lo mucho que no puedo decirte.

El beso cubista, está hecho de saliva, labio movido de su boca y una lengua de toro.
La tierra mojada, la sombra del árbol, no la olvida el toro,
no la olvida el beso.

Cuando le doy forma quitándole forma
en cualquier lugar de tu cuerpo,
es cuando comprendo, que muy poco sé de la vida.
Por eso invento, para conocer algo, inventado.
Porque si no siento en mi mente tu orgasmo,
ni la ráfaga de sabiduría que te lleva a regar el jardín,
entonces algo he de inventar, para sentir lo que no veo de ti.

2 comentarios:

Bruno dijo...

Que bárbara II.

Petite dijo...

Bruno! qué gusto, gracias por leer.